Hace un par de años
 me propuse leer al menos una obra de quienes han recibido el premio Nobel de literatura. Si bien tengo mis reticencias a “legitimidad” de este premio, ya que en no pocas ocasiones ha demostrado tener una connotación política como en el caso de Borges quien nunca lo recibió, también lo es que quienes lo obtuvieron sin duda tienen un gran mérito.

Este acercamiento lo enfoqué a libros cuyas escritoras y escritores no había leído. Tuve gratas experiencias con Doris Lessing (El cuaderno dorado), Günter Grass (El tambor de hojalata) y Elías Canetti (Masa y poder).  Y no tan afortunadas con Mo Yan (Cambios) y John Steinbeck (Las uvas de la ira). Este último incluso no lo concluí.Posiblemente no los leí en el mejor momento o bien,comencé por la obra menos indicada.

En este ejercicio, sin dudarlo, uno de los más placenteros descubrimientos lo tuve con Orhan Pamuk y su genial obra “Me llamo rojo”. Encuentro en las palabras del escritor estadounidense William Styron, la mejor descripción de su lectura: “Un gran libro te debe dejar muchas experiencias, y algo agotado al final. Vives varias vidas al leer”. Y así fue.

Las grandes experiencias las obtuve por al acercamiento a un mundo que ideológicamente me es ajeno, el Oriental. Desarrollada la trama entre el esplendor y el inicio del ocaso del imperio Otomano, la vertiginosa narración nos lleva por el conocimiento de esa cultura. Nos introduce a sus costumbres, tradiciones y religión. 

También es agotadora, no solo por su extensión, sino por la exhaustiva narrativa, la gran cantidad de personajes que participan y los diversos temas que se tratan. Literalmente se viven varias vidas en esta obra.

Es una novela cuya estructura y ritmo manejado en dos tiempos, nos presenta una peculiar forma narrativa, que en diversas ocasiones nos recuerda distintos estilos literarios. Por momentos da la impresión de leer dos libros. 

La primera mitad es vertiginosa, atrapa y envuelve, ya que de forma inmediata fija la trama. La segunda mitad se torna más lenta y descriptiva, incluso en ocasiones parece excederse en los detalles, pero sin duda resulta enriquecedora por las historias que cuenta.

Narrativa que se cuenta en primera persona por cada uno de los personajes, sin ser todos humanos (diablo, caballo, árbol, color), y que desde las distintas narraciones se construye un historia que se aprecia desde todos los ángulos. 

En esta obra se encuentran diversas narrativas y aborda distintos temas, siendo los principales la pintura como arte y el amor. Pero no se agota en ellos, es además una trama criminal que no escatima en lo sexual y con interesantes pasajes filosóficos. Es una novela muy completa, enmarcada por la religión y el poder, en donde se desarrollan las grandes pasiones humanas: vanidad, ambición, amor, pasión y traición.

La historia comienza con un asesinato resultado de una serie de intrigas ocasionadas por la vanidad del Sultán que pretende ser dibujado en un libro a la manera de los “francos”. Con ello se provoca al lector a descubrir entre los personajes quien fue el asesino, que además va narrando su personalidad. En algún punto todos los personajes resultan sospechosos. Recalca también, el eterno choque ideológico entre Oriente y Occidente. Se concluye que no hay héroes ni villanos, solamente, y retomando a Nietzsche, humanos, demasiado humanos. 

Es esta una novela que sin duda me atrevo a recomendar y creo, además, cumplirá las expectativas de lectores exigentes y de quienes no lo son tanto.

#OrhanPamuk #CulturadelaLectura

2 comentarios sobre ““Me llamo rojo”

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