En 1886 se publicaba por primera vez El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Stevenson. La célebre novela aborda el viejo dilema de la humanidad, la lucha interna entre el bien y el mal. Esta genial obra afronta ese interno discurrir entre el bien actuar y las ocultas pasiones. El eterno devenir de la humanidad.

El Dr. Jekyll es un reconocido médico al que no faltan virtudes: De agraciada tipología y mejor aspecto, es un distinguido miembro de la comunidad que goza de riqueza, admiración y respeto. No por ello exento de inmorales deseos. Esta búsqueda lo lleva a realizar experimentos que lo trasforman en su ser y apariencia. El despreciable Mr. Hyde se despoja de sus atributos y explora sus más oscuros deseos, obteniendo satisfacción en ello.

Este clásico me vino inmediatamente a la mente cuando comencé a la leer la última obra de Enrique Serna: El vendedor de silencio. En ella, se novela la vida de un oscuro personaje del periodismo y la vida política de México: Carlos Denegri. De confuso pasado, Denegri se cría en las esferas del poder y la riqueza de la naciente familia revolucionaria.

En ese México que, pasada la Revolución, anhelaba la transformación que lo llevara a la modernidad y la justicia social, pero que, por lo contrario, se vuelve corporativista y jerárquico, beneficiando solo a las cúpulas, y administrando la pobreza con fines políticos. La lógica era simple: pan o palo, como estimulo o castigo de la maquinaria institucional.

Dotado de inteligencia y encantadora personalidad —ideales juveniles afines al socialismo—, y en constante mudanza por diversos países, se forma Denegri con una basta cultura y se vuelve poliglota, además de generar importantes relaciones y vínculos de corte internacional. Después de oscuras andanzas, comienza en el periodismo. En el esquema del presidencialismo autoritario, el ejercicio no era simple. La crítica era riesgosa, por lo que, en su mayoría, los medios de comunicación se convirtieron en voceros oficiales.

Astuto, Denegri supo leer la coyuntura y la utilizó como nadie en su beneficio. Se institucionalizó, pero aprendió que, si bien la información tiene valor, más lo tiene el silencio. Sus columnas encumbraban o destruían carreras. Su influencia se dio en todos los ámbitos. Parecía que su carrera en un constante ascenso no encontraba límites.

Pero debajo de su brillantez se ocultaba una personalidad oscura. Su enorme soberbia, aunada a su adicción al alcohol, lo llevaba a cometer grandes atrocidades e incontables agresiones. Se transforma en un ser violento, aún más despreciable de lo que era en sobriedad. Como periodista todos reconocieron su capacidad y, en lo personal, también atestiguaron su bajeza. El olvido, que hasta antes de esta novela se ha hecho sobre él, lo confirma. Scherer se refería a él como “El mejor y más vil de los periodistas”.

Es, sin duda, una gran obra de Enrique Serna que te atrapa desde el inicio. La quieres devorar con solo comenzarla. De alguna extraña manera, en ocasiones se llega a simpatizar con el personaje, pero indudablemente es repugnante. Denegri recuerda al desdoblamiento de personalidad que aborda la famosa novela de Stevenson, con la diferencia de que Denegri, en ambas facetas, es vil y deleznable; si acaso en una de ellas lo es más aún.

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